¿Qué es el Budismo Tibetano? Características, Prácticas y Escuelas

El budismo, en sus más de dos mil años de historia, ha extendido sus enseñanzas por diversos rincones del mundo, adoptando y adaptando a las diversas culturas y tradiciones por donde se ha propagado. Uno de los sistemas más fascinantes y ricos en simbolismo y práctica es el budismo tibetano, una tradición que ha florecido en las elevadas montañas del Tíbet y que ha influenciado de manera profunda la espiritualidad y la vida cotidiana de sus habitantes durante siglos.

Como un río que ha absorbido afluentes de varias corrientes, el budismo tibetano integra enseñanzas del budismo Mahāyāna y Vajrayāna, así como elementos de la cultura Bon, una tradición religiosa anterior al budismo en el Tíbet. Esta fusión ha resultado en una tradición única, repleta de rituales, meditaciones, cantos, danzas y, por supuesto, la esencia de la enseñanza budista: la búsqueda de la iluminación para el beneficio de todos los seres.

En este artículo, vamos a explorar los aspectos fundamentales de esta tradición milenaria, sus características distintivas, sus prácticas y sus distintas escuelas.

Características del Budismo Tibetano

Aunque comparte enseñanzas comunes con otras ramas del budismo, el budismo tibetano posee unas serie de características únicas que lo distingue de otras tradiciones budistas.

Vajrayana

El Vajrayana es uno de los componentes clave del budismo tibetano.

El Vajrayana, también conocido como budismo tántrico, es uno de los tres vehículos o «yamas» del budismo, junto con el Theravada y el Mahayana. Aunque las tres escuelas comparten enseñanzas y prácticas fundamentales, el Vajrayana se distingue por sus técnicas esotéricas y su énfasis en la transformación interna rápida. En el budismo tibetano, el Vajrayana ha jugado un papel central en la formación y desarrollo de la espiritualidad y la cultura del país.

Aunque tiene sus raíces en la India, fue en el Tíbet donde el Vajrayana encontró un terreno fértil para florecer y desarrollarse. Durante los siglos VII y VIII, el budismo comenzó a introducirse en el Tíbet desde la India y otras regiones vecinas. Con la llegada de grandes maestros como Padmasambhava, también conocido como Guru Rinpoche, el Vajrayana se consolidó.

El Vajrayana se caracteriza por el uso de técnicas tántricas, que son métodos esotéricos diseñados para acelerar el proceso de iluminación. Estas técnicas incluyen visualizaciones complejas, recitación de mantras, prácticas de meditación y rituales.

A pesar de sus características únicas, el budismo tántrico no se desarrolló en aislamiento. En el Tíbet, se integró armoniosamente con las enseñanzas del Mahayana, como el ideal del bodhisattva y la comprensión de la vacuidad. Además, también se mezcló con las antiguas tradiciones autóctonas del Tíbet, como el Bön, dando lugar a una síntesis rica y única.

La relación entre el discípulo y el maestro es esencial. Se considera que el maestro tiene la capacidad de transmitir directamente realizaciones y bendiciones a través de una conexión especial con el discípulo. Esta transmisión es muy importante para el avance espiritual.

Tulku

El concepto de reencarnación es una idea central en muchas religiones y culturas del mundo. Pero en el budismo tibetano, esta noción toma una dimensión única a través del sistema de «Tulku«.

El término «Tulku» proviene del tibetano y hace referencia a una reencarnación conscientemente reconocida de un maestro espiritual o Lama. Se cree que estos seres, a través de su avance y perfección en prácticas espirituales anteriores, han adquirido la capacidad de controlar su proceso de reencarnación, eligiendo renacer para continuar su misión de beneficiar a todos los seres sensibles. En lugar de quedar atrapados en el ciclo de nacimiento y muerte (samsara) por causas kármicas involuntarias, los Tulkus toman un nacimiento consciente, impulsados por su compasión y compromiso ilimitado.

Aunque la idea de seres iluminados tomando forma humana es antigua y está presente en muchas tradiciones budistas, el sistema formal de reconocimiento y entrenamiento de Tulkus es particularmente distintivo del budismo tibetano. Este sistema comenzó a desarrollarse alrededor del siglo XIII y ha perdurado hasta el día de hoy.

Uno de los Tulkus más conocidos globalmente es el Dalai Lama, quien es considerado la reencarnación del Avalokiteśvara, el bodhisattva de la compasión. Cada vez que el Dalai Lama muere, se emprende una búsqueda exhaustiva para identificar a su siguiente reencarnación. Una vez encontrado, el niño es llevado al monasterio para ser educado y preparado para asumir su papel espiritual y, en algunos períodos históricos, político.

La identificación de un Tulku es un proceso complejo y ritualizado que puede incluir visiones místicas, señales y la interpretación de sueños. Algunos maestros, antes de fallecer, dejan pistas sobre dónde y cuándo volverán a nacer. Estas pistas son interpretadas por otros lamas y oráculos.

Una vez identificados posibles candidatos, se someten a pruebas, como reconocer objetos que pertenecieron al Lama fallecido. No obstante, más allá de estos rituales, la decisión se basa en la intuición espiritual y el discernimiento de los lamas senior en la tradición.

Mitología

Mitología en el budismo tibetano.

El budismo llegó al Tíbet alrededor del siglo VII-VIII, y con él vinieron las enseñanzas, textos y tradiciones de la India. Pero el Tíbet ya tenía su propia tradición espiritual y mitológica que estaba profundamente arraigada en la cultura de los pueblos del altiplano. A medida que el budismo comenzó a echar raíces en el Tíbet, se fusionó con estas tradiciones locales para crear una forma única de budismo, distinta de sus parientes en la India, China o el sudeste asiático.

No se puede hablar de la mitología en el budismo tibetano sin mencionar la tradición Bön. Antes de la llegada del budismo, el Bön era la religión predominante en el Tíbet. Aunque ha habido tensiones históricas entre las dos tradiciones, también ha habido una influencia mutua significativa. Muchos de los elementos mitológicos y rituales del Bön se incorporaron al budismo tibetano. De hecho, algunas de las deidades y prácticas del budismo tibetano tienen raíces claras en la tradición Bön.

La mitología es una característica distintiva del budismo tibetano que lo diferencia de otras formas de budismo. No se trata solo de un conjunto de historias. Sirve como una herramienta pedagógica para transmitir enseñanzas profundas y complejas de una manera accesible. Las historias de deidades, bodhisattvas y eventos míticos a menudo contienen simbolismos y lecciones que pueden ayudar a los practicantes a comprender y internalizar los principios budistas.

Una de las manifestaciones más claras de la mitología en el budismo tibetano es su panteón de deidades. Aunque el Buda histórico, Siddhartha Gautama, siempre se presenta como un ser humano que alcanzó la iluminación, en el budismo tibetano, hay una plétora de Budas, Bodhisattvas, deidades y seres protectores que tienen su propia mitología.

Estas deidades no son «dioses» en el sentido occidental. Más bien, representan aspectos particulares de la enseñanza budista o son manifestaciones de la mente iluminada. Por ejemplo, Avalokiteśvara, el Bodhisattva de la Compasión, es particularmente venerado en el Tíbet como Chenrezig. Se cree que el Dalai Lama es una emanación de Chenrezig.

Las deidades protectoras, como Mahākāla o Palden Lhamo, tienen historias y mitos fascinantes asociados a ellas. A menudo son feroces y despiadadas en apariencia, pero esto se interpreta como un signo de su compromiso apasionado de proteger el Dharma y ayudar a los practicantes en su camino espiritual.

Arte y Simbolismo

Más allá de ser una tradición espiritual y filosófica, el budismo tibetano es también un espectáculo visual de riqueza inigualable que ha desarrollado, a lo largo de los siglos, una estética profundamente arraigada en sus enseñanzas y en la cultura del Tíbet. Sus monasterios adornados con intrincadas tallas, tangkas, estatuas colosales, mándalas complejos y rituales coloridos son solo una muestra de su profunda expresión artística. Cada elemento, cada color y cada símbolo, no solo es un deleite para los ojos, sino que también lleva consigo significados profundos y enseñanzas espirituales. Esta fusión de arte y espiritualidad es una de las características que más curiosidad provoca.

Thangka

El Thangka es una manifestación artística única del budismo tibetano.

Son intrincadas pinturas realizadas sobre tela que a menudo representan a deidades budistas, escenas históricas o diagramas cósmicos. Los thangkas no solo son piezas de arte, sino también objetos de devoción y meditación. A través de la meticulosa atención a los detalles y el uso de colores vibrantes, transmiten historias y significados profundos. Al meditar con un thangka, el practicante puede visualizar la deidad representada, lo que le ayuda a internalizar las cualidades y enseñanzas asociadas con esa figura.

Mandalas

El mandala es fundamental en el budismo tibetano.

En sánscrito, «mandala» significa «círculo«. En el budismo tibetano, los mandalas son diagramas geométricos que representan el universo, los palacios celestiales o la mente iluminada. Pueden ser pintados, dibujados con arena coloreada o incluso representados en tres dimensiones. Estos sirven como herramientas de meditación, ayudando al practicante a concentrarse y a acceder a realidades más profundas. Uno de los más famosos es el mandala de Kalachakra, asociado con enseñanzas avanzadas y rituales.

Estatuas y Tsatsas

Tsatsa típico del budismo tibetano.

Las estatuas varían desde pequeñas imágenes que se pueden sostener en la mano hasta colosales obras maestras de varios metros de altura. Estas representan a Buddhas, bodhisattvas, protectores y otros seres iluminados. Los tsatsas son pequeñas reliquias de arcilla, a menudo impresas con imágenes de deidades o símbolos sagrados. Ambas, estatuas y tsatsas, sirven como puntos de enfoque para la devoción, la ofrenda y la meditación.

Instrumentos Musicales y Sonidos Rituales

Campana ritual del budismo tibetano.

La música y el sonido tienen un lugar especial en el budismo tibetano. Instrumentos como campanas, tambores, caracolas y címbalos a menudo acompañan rituales y pujas (ceremonias). Estos sonidos no son solo melodías; son vibraciones que purifican el espacio, convocan a seres benévolos y alejan energías no deseadas. La recitación de mantras, tan central en el Vajrayana, es otro ejemplo de cómo el sonido se utiliza para transformar la mente y el entorno.

Ruedas de Oración

El Om Mani Padme Hum aparece en todas las facetas de la cultura tibetana.

Son cilindros que contienen rollos de papel impresos con mantras, especialmente el mantra de Om Mani Padme Hum, asociado con Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión. Al girar la rueda de oración, se cree que libera la energía de los mantras al universo, beneficiando a todos los seres.

Símbolos Auspicioso

Dharmachakra o rueda del Dharma es uno de los símbolos más importantes del budismo.

Ocho símbolos auspiciosos a menudo aparecen en artefactos, textiles y artes del budismo tibetano. Estos incluyen: el nudo infinito, que simboliza la interdependencia; el loto, que representa la pureza; la caracola, que simboliza el sonido del Dharma, entre otros. Estos símbolos son recordatorios de las enseñanzas y las cualidades de la mente iluminada.

Transmisión directa de las Enseñanzas

La transmisión directa de las enseñanzas es una parte fundamental de la tradición tibetana. Esta transmisión no se refiere simplemente a la comunicación oral o escrita de las enseñanzas, sino a una conexión más profunda que se establece entre el maestro y el discípulo. Es a través de esta relación directa y sin intermediarios que el estudiante puede recibir completamente la esencia de las enseñanzas y las bendiciones asociadas a ellas.

El budismo tibetano se basa en una rica tradición de transmisión oral, que se remonta a los tiempos del Buda histórico, Siddharta Gautama. Según la tradición, el Buda no escribió sus enseñanzas, sino que las compartió verbalmente con sus discípulos. Estos, a su vez, las transmitieron a sus propios discípulos, y así sucesivamente, creando una cadena ininterrumpida de transmisión. Esta línea de transmisión es vital para garantizar la autenticidad y la integridad de las enseñanzas.

Hay dos formas principales de transmisión: la transmisión de las palabras y la transmisión del significado. La transmisión de las palabras hace referencia al acto de recitar o leer un texto, mientras que la transmisión del significado implica una comprensión más profunda y una realización personal de las enseñanzas. Ambas formas de transmisión son necesarias para que el discípulo desarrolle una comprensión completa y auténtica.

La transmisión directa es especialmente importante en el contexto de las enseñanzas esotéricas del budismo tibetano, como las del Dzogchen y el Mahamudra. Estas enseñanzas se consideran tan sutiles y profundas que, sin la guía directa de un maestro cualificado, es casi imposible que el estudiante las comprenda o las practique correctamente. Es por esto que, en estas tradiciones, se enfatiza la importancia de encontrar un maestro auténtico y de recibir las enseñanzas directamente de él o ella.

Este énfasis en la transmisión directa también refleja la naturaleza experiencial del budismo tibetano. A diferencia de algunas tradiciones religiosas que se basan en dogmas fijos o credos, el budismo tibetano destaca la importancia de la experiencia personal y directa de las enseñanzas. La idea es que, a través de la práctica y la meditación, el discípulo pueda tener experiencias directas de las verdades del dharma, en lugar de simplemente creer en ellas de manera dogmática.

El maestro no es visto simplemente como un transmisor de información, sino como un guía espiritual que tiene la capacidad de conectar al discípulo con las verdades más profundas del dharma. Esta relación se basa en la confianza mutua, el respeto y la devoción. El maestro proporciona las enseñanzas y las bendiciones, mientras que el discípulo se compromete a practicar y a seguir las instrucciones del maestro con sinceridad y devoción.

Es importante mencionar que la transmisión directa no es una garantía automática de realización. El discípulo debe hacer un esfuerzo genuino para comprender, integrar y practicar las enseñanzas. La transmisión simplemente abre la puerta; es el discípulo quien debe caminar por el sendero.

Prácticas del Budismo Tibetano

Desde la meditación profunda hasta intrincados rituales y el uso de artefactos sagrados, las prácticas del budismo tibetano son un espejo de la profunda interconexión entre la cultura tibetana y las enseñanzas budistas. En esta sección, exploraremos algunas de estas prácticas, adentrándonos en su simbolismo, propósito y la manera en que guían a los practicantes hacia una comprensión más profunda de sí mismos y del universo.

Meditación

Técnicas de meditación del budismo tibetano.

La tradición budista tibetana ha desarrollado una inmensa variedad de prácticas meditativas, cada una diseñada para cultivar cualidades específicas del corazón y la mente. Estas prácticas van desde las simples técnicas de atención plena y contemplación, hasta los avanzados rituales tántricos y visualizaciones que invocan el poder de deidades y mandalas. Cada método, con su propósito y técnica única, ofrece un camino diferente hacia la comprensión profunda y la liberación del sufrimiento humano.

Aquí vamos a dar solo una ligera pincelada. Si quieres conocer las distintas prácticas de meditación del budismo tibetano y sus características, aquí tiene un artículo sobre la meditación budista tibetana en la que detallamos todo en profundidad.

Mantras

Mantra Om Tare Tutare Svaha de la diosa Tara.

Los mantras son sonidos, palabras o frases sagradas que, al ser recitadas de forma repetida, buscan invocar cualidades específicas, generar transformaciones internas o conectar con energías espirituales elevadas.

En sánscrito, la palabra «mantra» proviene de la raíz «man«, que significa «pensar«, y el sufijo «tra«, que implica herramienta o instrumento. Así, un mantra es esencialmente una «herramienta del pensamiento«. Se considera un medio para transformar la mente, alejándola de los patrones habituales de percepción y pensamiento y conduciéndola hacia estados de claridad, pureza y comprensión profunda.

Los mantras funcionan a varios niveles. Primero, el simple hecho de repetir una frase o sonido tiene un efecto calmante en la mente. Así como las olas recurrentes del océano pueden tener un efecto hipnótico y pacificador, la repetición del mantra ayuda a calmar las fluctuaciones de la mente. En un nivel más profundo, cada mantra en el budismo tibetano tiene asociado un significado y energía específicos. Por ejemplo, el famoso mantra «Om Mani Padme Hum» se asocia con la compasión y se dice que invoca la energía y bendiciones de Avalokiteshvara, el bodhisattva relacionado con esta cualidad. Al recitar este mantra, los practicantes buscan no solo cultivar la compasión dentro de sí mismos, sino también conectar con la energía compasiva de Avalokiteshvara.

La recitación de mantras en el budismo tibetano a menudo se combina con prácticas de visualización. Por ejemplo, al recitar un mantra asociado con una deidad específica, los practicantes pueden visualizar a dicha deidad frente a ellos o incluso imaginarse transformándose en la deidad. Estas visualizaciones sirven para reforzar el poder y la intención del mantra, conectando al practicante con las cualidades de la deidad de manera más vívida y directa.

No es solo una práctica devocional o una simple repetición de sonidos sagrados. Es una técnica meditativa avanzada que tiene como objetivo transformar la mente y ayudar al practicante en su camino hacia la iluminación. A través de la repetición continua, el mantra se convierte en una parte integral de la conciencia del practicante, infundiendo sus cualidades en la mente y el corazón del meditador.

Deidades

Tara, una de las deidades más veneradas en el hinduismo.

A diferencia de otras tradiciones en las que se contempla un objeto abstracto o se focaliza la mente en el aliento, en esta tradición, las deidades budistas sirven como objetos de meditación y fuentes de inspiración espiritual. A través de la visualización, recitación de mantras y una profunda devoción, los practicantes buscan fusionarse con las cualidades de estas deidades para transformarse interiormente.

Para entender la meditación con deidades, primero debemos comprender cómo se conceptualizan estas figuras en el budismo tibetano. Como ya hemos mencionado, estas deidades no son dioses en el sentido en el que solemos utilizar el término en occidente Más bien, son manifestaciones de cualidades iluminadas que ya existen dentro de nosotros. Cada deidad simboliza aspectos específicos de la sabiduría y la compasión budistas, y meditar en ellas ayuda a invocar y cultivar esas cualidades en el practicante.

Por ejemplo, Tara Verde simboliza la acción compasiva y protectora, mientras que Manjushri encarna la sabiduría que corta la ignorancia. Al meditar en estas deidades, los practicantes no solo buscan conectarse con seres externos, sino también descubrir y manifestar estas cualidades iluminadas en su interior.

Mudras

Mudras o gestos simbólicos en el budismo tibetano.

Un mudra es un gesto simbólico realizado principalmente con las manos, que tiene como objetivo evocar ciertas cualidades o estados de conciencia en el meditador. En la meditación budista tibetana, los mudras actúan como puente entre el cuerpo, la mente y lo divino, proporcionando un medio para conectar y manifestar principios espirituales. La palabra «mudra» en sánscrito se traduce como «sello» o «signo«. Son gestos que «sellan» o consolidan una determinada energía o intención en el practicante. Si bien algunos mudras son simples, como juntar las palmas en actitud de oración, otros pueden ser más complejos y estilizados, requiriendo una comprensión detallada y práctica.

Durante la meditación, los mudras ayudan a anclar la práctica y a concentrar la mente. Al combinar la recitación de mantras, la visualización y el uso de mudras, se crea una experiencia holística que involucra múltiples aspectos. Esta integración completa ayuda a profundizar la meditación y a hacerla más efectiva.

Aunque los mudras son una técnica poderosa, requieren comprensión y respeto. No son simplemente gestos vacíos; representan verdades espirituales profundas y deben ser realizados con intención clara. Además, es útil aprenderlos de un maestro o guía experimentado, especialmente cuando se trata de mudras más avanzados o específicos de ciertas prácticas tántricas.

Dharanis

Los dharanis son recitaciones más largas que los mantras tradicionales y se dice que contienen la esencia concentrada de ciertas enseñanzas o principios budistas.

A diferencia de los sutras, que son discursos o enseñanzas directas del Buda, los dharanis son fórmulas verbales que se consideran potentes para proteger la mente contra las distracciones y perturbaciones, para recordar las enseñanzas y para invocar energías específicas:

  • Invocación y protección: Antes de comenzar una sesión de meditación, recitar un dharani puede servir como una invocación de protección, asegurando que el espacio meditativo esté libre de influencias negativas.
  • Concentración y claridad: Como ocurre con la recitación de mantras, repetir un dharani puede ayudar a enfocar y calmar la mente. Su estructura repetitiva y rítmica puede crear una corriente de concentración que lleva a la mente hacia la claridad.
  • Rrecordatorio del Dharma: Dado que los dharanis se consideran vehículos que sostienen la enseñanza, su recitación puede servir como un recordatorio de los preceptos y principios budistas, reforzando la comprensión y la devoción del practicante hacia el camino.

Rituales y Ceremonias

Rituales del budismo tibetano.

Los rituales en el budismo tibetano no son meros actos simbólicos; son medios hábiles para canalizar la mente hacia la iluminación. Al realizar rituales, los practicantes se involucran activamente en su fe, utilizando el cuerpo, el habla y la mente para reforzar su comprensión y compromiso con las enseñanzas budistas. La repetición también es un componente fundamental. Al repetir ciertos actos y recitaciones, se cree que los practicantes purifican karma negativo acumulado durante incontables vidas y generan energía espiritual positiva, además de ayudar a internalizar las enseñanzas y prácticas, permitiendo que penetren profundamente en la psique del practicante.

La invocación de una deidad o de un maestro espiritual puede ser un principio típico en un ritual, seguido de la recitación de mantras y textos sagrados, y luego proceder con visualizaciones específicas y ofrendas. A menudo, los rituales van acompañados de música y canto, utilizando instrumentos tradicionales como campanas, tambores, caracolas y címbalos.

Los rituales pueden ser privados, donde un individuo realiza prácticas en solitario, o comunitarios, donde se reúne la comunidad para celebrar un evento o festividad particular. Los festivales, como Losar (el Año Nuevo tibetano) o el Saga Dawa (que conmemora el nacimiento, la iluminación y la muerte del Buda), involucran extensas pujas y ceremonias.

Postraciones

Esta es una de las prácticas más básicas y comunes en el budismo tibetano. Las postraciones son una forma de purificar el karma negativo y mostrar reverencia hacia las Tres Joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha. Pueden hacerse en cualquier momento y en cualquier lugar, pero son especialmente comunes en templos y lugares sagrados.

Ofrendas

Torma, ofrenda budismo tibetano.

La ofrenda de alimentos, agua, flores, incienso y lámparas es una práctica común en los altares tibetanos. Se cree que hacer ofrendas purifica el deseo y la avaricia y acumula méritos. Una ofrenda particularmente única en el budismo tibetano es la «torma«, una especie de pastel ritualístico que se ofrece a las deidades.

Pujas

Las pujas son ceremonias religiosas que pueden ser realizadas por laicos o monásticos y que varían en complejidad. Pueden tener propósitos específicos, como la salud, el éxito, la eliminación de obstáculos o para honrar a una deidad en particular.

Empoderamientos (Wang)

Son rituales complejos que introducen a los practicantes en prácticas tántricas específicas. Durante un empoderamiento, el maestro (lama) otorga permiso y bendiciones al estudiante para practicar un tantra o sadhana particular.

Escuelas del Budismo Tibetano

El budismo tibetano no se reduce a una única doctrina o escuela de pensamiento sino que existen distintas corrientes dentro de esta rama del budismo, que aunque comparten muchas enseñanzas comunes, cada una de ellas tiene sus propias características y prácticas distintivas.

Nyingma

Nyingma fue la primera escuela del budismo tibetano.

La palabra «Nyingma» se traduce literalmente como «los antiguos«, y la tradición toma este nombre debido a su origen en las primeras transmisiones del budismo al Tíbet.

El Nyingma se remonta al siglo VIII, cuando el rey tibetano Trisong Detsen invitó al maestro budista indio Padmasambhava, también conocido como Guru Rinpoche, a Tíbet para ayudar en la construcción del monasterio de Samye. Padmasambhava es fundamental para la escuela Nyingma. Se le atribuye la conversión de fuerzas y espíritus locales al budismo y la integración de prácticas nativas tibetanas con las enseñanzas budistas. También se dice que ocultó tesoros espirituales llamados «Termas» en todo el Tíbet, que serían descubiertos más tarde por maestros espirituales reconocidos como ‘Tertöns‘ o descubridores de tesoros.

El núcleo de las enseñanzas Nyingma se basa en la noción de «Dzogchen«, también conocido como «Gran Perfección«. Dzogchen es una forma directa de meditación y práctica que busca reconocer la naturaleza fundamental de la mente y la realidad. Se considera la vía más directa hacia la iluminación y es una característica distintiva de la escuela Nyingma. Otro aspecto central de Nyingma es la estructura de las «Nueve Yanas» o vehículos espirituales, que son caminos progresivos de práctica y estudio.

A lo largo de los siglos, la escuela Nyingma ha establecido numerosos monasterios y centros de estudio en el Tíbet y, posteriormente, en el exilio. Algunos de los monasterios más famosos incluyen Mindrolling y Dorje Drak. En contraste con otras escuelas del budismo tibetano, Nyingma tradicionalmente ha tenido menos énfasis en la estructura monástica y más énfasis en la tradición de los yoguis errantes o «ngakpas«, que son practicantes laicos con compromisos familiares.

Una característica única de Nyingma es la tradición de los Tertöns. Estos son maestros espirituales que tienen la capacidad de descubrir «Termas» o tesoros espirituales. Estos tesoros, ocultos por Padmasambhava y otros maestros, son revelaciones que proporcionan enseñanzas y prácticas adecuadas para las necesidades espirituales de tiempos específicos. Los tesoros pueden ser físicos, como textos o reliquias, o pueden ser revelaciones directas en la mente del Tertön. Algunos de los tesoros más famosos, como el Bardo Thödol (más conocido en Occidente como «El Libro Tibetano de los Muertos»), han sido fundamentales para la evolución del pensamiento y la práctica Nyingma.

Kagyu

Escuela Kagyu del budismo tibetano.

La escuela Kagyu tiene sus raíces en los siglos X y XI en el Tíbet, con la llegada de los enseñanzas vajrayana del maestro indio Tilopa. Estas enseñanzas fueron transmitidas a su discípulo Naropa, quien a su vez las transmitió a Marpa, un traductor tibetano. Marpa viajó a la India en busca de enseñanzas espirituales, y tras estudiar con Naropa, trajo estas enseñanzas de regreso al Tíbet. El discípulo más destacado de Marpa fue Milarepa, un yogui cuya vida de transformación de mago vengativo a santo iluminado ha inspirado a generaciones.

De Milarepa, el linaje pasó a Gampopa, quien combinó las enseñanzas Kagyu con las tradiciones monásticas del Tíbet, dando forma a lo que se conoce hoy en día como la tradición Kagyu. Con el tiempo, la escuela Kagyu se diversificó en varias subescuelas, siendo la Karma Kagyu, encabezada por el Karmapa, la más conocida.

Lo que distingue a la tradición Kagyu es su énfasis en la experiencia meditativa directa. Las enseñanzas se centran en el «Mahamudra» o «Gran Sello«, que es una forma de meditación que busca reconocer la naturaleza fundamental de la mente y la realidad. Además, otra práctica esencial es la del «Tögal«, una técnica avanzada de Dzogchen que se enfoca en la visión directa de la naturaleza de la mente.

La tradición Kagyu es especialmente conocida por las «Cuatro Prácticas Preliminares Ordinarias» (Ngöndro) que preparan al practicante para meditaciones más avanzadas. Estas prácticas incluyen la recitación de refugio, la generación de bodhicitta (intención altruista de iluminación), la purificación a través de la práctica de Vajrasattva y la ofrenda del mandala.

Un aspecto clave de esta escuela del budismo tibetano es la importancia del linaje y la transmisión directa del maestro al discípulo. Se cree que la auténtica realización espiritual y las bendiciones se transmiten de esta manera, de generación en generación. El Karmapa, líder de la subescuela Karma Kagyu, juega un papel central en esta transmisión y es considerado una emanación de Chenrezig, el bodhisattva de la compasión.

El Karmapa es particularmente único en el budismo tibetano porque es el primer tulku (reencarnación de un maestro iluminado) reconocido y tiene una historia de sucesión ininterrumpida desde el siglo XII.

En la segunda mitad del siglo XX, con la ocupación china del Tíbet y el exilio tibetano, la tradición Kagyu, junto con otras escuelas del budismo tibetano, se dispersó por todo el mundo. Maestros como el 16º Karmapa y Chögyam Trungpa Rinpoche fueron muy importantes en la introducción de las enseñanzas Kagyu en Occidente.

Sakya

Escuela Sakya del budismo tibetano.

La tradición Sakya tiene su origen en el siglo XI en Tíbet. Su nombre proviene de «Sakya«, que se traduce como «Tierra Pálida«, por el lugar donde se fundó la escuela. Este monasterio fue construido por Khön Könchok Gyelpo, el fundador de la tradición, y es aquí donde las enseñanzas y prácticas Sakya han sido preservadas y transmitidas durante siglos.

El linaje Sakya tiene sus raíces en los antiguos maestros tibetanos y en las enseñanzas transmitidas por los grandes pandits y siddhas de la India.

Es conocida por su enfoque sistemático y académico de las enseñanzas budistas. Aunque comparte muchas prácticas y conceptos con las otras escuelas del budismo tibetano, hay algunas enseñanzas y prácticas que son únicas de la tradición Sakya.

  • Lamdré (El Camino y su Fruto): Esta es la enseñanza central de la tradición Sakya y se basa en el Hevajra Tantra. Lamdré proporciona una exposición detallada sobre el camino de la iluminación, comenzando desde las prácticas preliminares hasta las más avanzadas meditaciones tántricas.
  • Las Tres Visiones: Corresponden a las fases de desarrollo espiritual del practicante en el camino del Vajrayāna. Estas son: la visión de la impureza, donde uno ve el samsara en su naturaleza dufrida; la visión de la experiencia, donde uno empieza a experimentar la naturaleza pura de la mente y el surgimiento de las deidades tántricas; y la visión de la realidad, en la cual uno realiza la vacuidad y la naturaleza última de la realidad.
  • Los protectores del Dharma: En la tradición Sakya, se da especial importancia a la relación con los protectores del Dharma, especialmente Mahākāla y Ekajati, para eliminar los obstáculos en el camino espiritual.

El período de la hegemonía Sakya en el Tíbet durante el siglo XIII es especialmente notable. Bajo el patrocinio de los líderes Sakya, especialmente Phagpa Lama, hubo un intercambio político y religioso significativo con la dinastía Yuan de Mongolia, liderada por Kublai Khan. A través de esta relación, los líderes Sakya mantuvieron una autoridad temporal en Tíbet, y el budismo tibetano fue introducido a Mongolia, convirtiéndose en la forma dominante del budismo en esa región.

Aunque fue desplazada como autoridad política por la escuela Gelug en los siglos posteriores, la influencia Sakya en la espiritualidad y cultura tibetanas persiste. Hay muchos lamas Sakya influyentes y monasterios activos en el Tíbet, la India, Nepal y en Occidente. El Sakya Trizin, el líder de la tradición Sakya, ha viajado extensamente, llevando las enseñanzas Sakya a muchos rincones del mundo y estableciendo centros de Dharma en América, Europa, y Asia. Su erudición y profundidad de realización han llevado a un renovado interés en la tradición Sakya en la actualidad.

Jonang

Jonang  es una de las escuelas del budismo tibetano antiguas.

La tradición Jonang surgió en los primeros períodos del budismo tibetano. Su origen puede rastrearse hasta el maestro Yumo Mikyo Dorje, un yogui del siglo XI. Pero fue Taranatha, en el siglo XVII, quien consolidó y articuló muchas de las enseñanzas que hoy asociamos con la escuela Jonang. Durante su tiempo, Taranatha no sólo defendió las enseñanzas Jonang, sino que también se esforzó en preservar textos y prácticas antiguas, garantizando que las generaciones futuras tuvieran acceso a ellas.

Uno de los rasgos más notables y que distinguen a la escuela Jonang es su adhesión a la visión shentong (que puede traducirse como «vacío del otro»). Esta perspectiva, en su forma más simple, sostiene que mientras todas las cosas están vacías de existencia inherente, hay un aspecto de la realidad – la naturaleza búdica o la mente búdica – que es «vacío de otros» pero no de sí mismo. Es decir, esta naturaleza búdica es inmutable y eterna, distinta de las manifestaciones fenomenales transitorias.

Esta comprensión de shentong fue en parte lo que distinguió a los jonangs de otras escuelas tibetanas. La mayoría de las otras tradiciones, particularmente la Gelug, adoptaron la visión rangtong, que sostiene que todas las cosas, incluida la naturaleza búdica, están vacías de existencia inherente.

También es conocida por sus prácticas de meditación únicas, especialmente el Kalachakra. Estas prácticas se centran en la purificación del cuerpo y la mente, utilizando visualizaciones, respiraciones y otras técnicas para transformar la energía sutil y alcanzar estados elevados de conciencia. El Kalachakra Tantra es un conjunto de enseñanzas y prácticas que se centra en la interacción de ciclos temporales, astrología, cuerpo sutil y la naturaleza del tiempo, es especialmente prominente en la escuela Jonang, aunque también es practicado por otras tradiciones tibetanas.

A pesar de su rica historia y contribuciones al budismo tibetano, la escuela Jonang enfrentó desafíos significativos durante el siglo XVII. Las tensiones políticas y doctrinales llevaron a que la tradición Jonang fuera marginalizada, con muchos de sus monasterios convertidos a la tradición Gelug. Durante siglos, la presencia de Jonang en el Tíbet central se desvaneció, sobreviviendo principalmente en las regiones orientales del Tíbet.

Gelug

Escuela Gelug del budismo tibetano.

La escuela Gelug es una de las tradiciones más influyentes y prominentes dentro del budismo tibetano. Ha desempeñado un papel fundamental en la historia religiosa y política del Tíbet y ha influido en la cultura tibetana en general. Fue fundada en el siglo XIV por Je Tsongkhapa, un erudito y maestro tibetano. Tsongkhapa nació en la región de Amdo, en el Tíbet, en 1357. Desde una edad temprana, mostró un gran interés por el budismo y se dedicó al estudio de las escrituras budistas. Tsongkhapa buscó revivir y preservar las enseñanzas originales del budismo en el Tíbet, que en ese momento estaban influenciadas por diversas interpretaciones y prácticas.

En 1409, Tsongkhapa fundó el monasterio de Ganden, que se convirtió en el centro de la nueva tradición Gelug. Su enfoque en el estudio riguroso de las escrituras y la disciplina monástica se convirtió en una característica distintiva de la escuela Gelug. Tsongkhapa también enfatizó la importancia de combinar el estudio intelectual con la práctica meditativa.

La tradición Gelug sigue las enseñanzas de Tsongkhapa y se basa en la filosofía Madhyamaka, que se centra en la naturaleza vacía de todos los fenómenos y la importancia de superar la ignorancia para alcanzar la iluminación. También incorpora la filosofía Prasangika-Madhyamaka, una subescuela que aboga por la negación de cualquier naturaleza inherente en los objetos.

Uno de los textos más importantes para la escuela Gelug es el «Lamrim Chenmo» o «Gran Libro del Camino Gradual a la Iluminación«, escrito por Tsongkhapa. Este texto presenta una guía sistemática para el desarrollo espiritual, desde los aspectos más básicos de la práctica budista hasta la consecución de la iluminación. El Lamrim Chenmo se ha convertido en una obra fundamental en toda la tradición tibetana.

Otro aspecto destacado de esta escuela es su énfasis en el estudio lógico y filosófico. Los estudiantes Gelug pasan años estudiando textos clásicos de lógica y filosofía budista, lo que les permite comprender profundamente las enseñanzas y defender su fe de manera efectiva. Esto ha llevado a la escuela Gelug a producir muchos eruditos y maestros altamente respetados en el budismo tibetano.

Una de las figuras más icónicas asociadas con la escuela Gelug es el Dalai Lama, el líder espiritual y político del Tíbet y el símbolo de la autoridad Gelug. Desde el siglo XVII, los Dalai Lamas han sido figuras centrales en la historia tibetana, y su influencia se ha extendido más allá de las fronteras del Tíbet.

El actual Dalai Lama, Tenzin Gyatso, es el decimocuarto en la línea de sucesión. Ha sido un defensor incansable de los derechos humanos y ha llevado el mensaje del budismo Gelug al mundo entero. Además, ha sido un firme defensor de la no violencia y ha trabajado incansablemente por una solución pacífica para la cuestión del Tíbet y la preservación de la cultura tibetana.

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