Budismo y Yoga ¿Cuál es su relación?

Explorar el budismo y el yoga implica adentrarse en un viaje por antiguas filosofías que, aunque nacen en puntos similares y poseen enlaces visibles, han germinado y florecido de maneras ligeramente diferentes a lo largo del tiempo. El budismo y el yoga, dos sistemas filosóficos y prácticos que tienen sus raíces firmemente asentadas en la rica cultura de la India, han servido, en sus formas diversas, como guías espirituales y prácticas para millones de personas a través de los siglos. La intersección de estas dos sendas proporciona un terreno fértil para la exploración de conceptos que, aunque expresados con matices diferentes, muestran un compromiso compartido hacia el entendimiento y la realización de nuestra existencia más profunda.

En este artículo exploraremos las similitudes y las diferencias que existen entre estas dos ricas tradiciones espirituales de la India. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de yoga nos estamos refiriendo a una de las seis escuelas de pensamiento o darshanas del hinduismo, no solo a las posturas o asanas que muchas personas entienden por yoga.

Buda y el Yoga

Siddharta Gautama el Buda, fundador del budismo.

Buda, también conocido como Siddhartha Gautama, nació en una época (aproximadamente en el siglo VI a.C.) en la cual en la India convivían una gran variedad tradiciones espirituales y filosóficas. La sociedad estaba marcada por el sistema de castas, y la práctica religiosa predominante estaba profundamente arraigada en los rituales védicos. Los brahmanes, quienes eran los custodios de estos textos sagrados, disfrutaban de un estatus elevado y mantenían firmemente las prácticas rituales y las creencias en el panteón hindú.

De forma paralela, existía un movimiento de renunciantes, los «shramanas«, que rechazaban la autoridad de los Vedas y la rigidez del sistema de castas. En lugar de participar en los rituales, los shramanas practicaban la austeridad, la meditación y desarrollaban sus propias filosofías y técnicas para alcanzar la liberación del sufrimiento y del ciclo de reencarnación. Este ambiente propició una especie de caldo de cultivo para diversas prácticas y filosofías espirituales, como el jainismo y varias formas de yoga y meditación.

Siddhartha Gautama, aunque nacido en la opulencia como príncipe de los Shakya, se encontró profundamente atraído por las preguntas existenciales sobre el sufrimiento y la muerte. Renunciando a su vida de lujo a una edad temprana, Gautama se sumergió en la tradición espiritual de su época, buscando respuestas entre los diferentes maestros y prácticas disponibles. Practicó la austeridad extrema, la meditación profunda, y se sumió en varias formas de yoga bajo la tutela de maestros renombrados, absorbiendo y eventualmente transcendiendo las enseñanzas y técnicas que le fueron impartidas.

Las prácticas yóguicas de la época y las diferentes formas de meditación eran diversas y profundas. Buda estudió con dos maestros prominentes de meditación: Alara Kalama y Uddaka Ramaputta. Aprendió sus técnicas, alcanzando rápidamente los estados de meditación avanzada que sus maestros propugnaban. Pero, a pesar de lograr profundos estados de concentración y tranquilidad mental, Gautama no encontró las respuestas que buscaba y continuó su búsqueda.

Más tarde, Buda experimentó con las formas extremas de ascetismo, infligiéndose penurias y negando a su cuerpo la comida y la comodidad, con la creencia de que la automortificación del cuerpo liberaría el espíritu, pero la iluminación seguía eludiéndolo. Fue solo después de abandonar las prácticas extremas y aceptar la comida de una niña que Gautama, sentado bajo el árbol Bodhi, alcanzó la iluminación que tanto buscaba. Fue entonces cuando se convirtió en el Buda, el «Despierto«.

El Budismo, en última instancia, se desarrolló como una «camino medio» que rechazaba tanto los extremos del hedonismo como los del ascetismo. Las enseñanzas del Buda, con su énfasis en la meditación, la ética, y la sabiduría, están arraigadas pero también trascienden las prácticas espirituales de su tiempo, ofreciendo un camino hacia la liberación que es accesible a todos, independientemente de su estatus social o antecedentes.

La historia del Buda es fascinante y sus enseñanzas son una amalgama de su experiencia personal y las diversas filosofías y prácticas que estudió. La India de su época ofreció el contexto y la estructura necesarios para que las ideas del Buda florecieran y, posteriormente, se diseminaran más allá de las fronteras de la India, repercutiendo espiritual y filosóficamente en diversas culturas y generaciones a lo largo de los siglos.

¿Qué tienen en común el Budismo y el Yoga?

Técnicas de meditación del budismo tibetano.

La liberación del Sufrimiento

El comienzo de este análisis sobre las similitudes entre estas dos sendas espirituales arranca con una mirada hacia la naturaleza intrínseca del sufrimiento humano y la búsqueda del alivio y eventual liberación del mismo, un pilar fundamental tanto en los enseñanzas budistas como en el yoga. Bajo la sombra iluminada del Bodhi, Siddhartha Gautama, el Buda, concibió las Cuatro Nobles Verdades, las cuales reconocen la existencia inherente del sufrimiento (Dukkha) y prescriben un camino (el Noble Óctuple Sendero) para poder liberarnos de él.

De manera similar, los Yoga Sutras de Patanjali, uno de los textos fundamentales del yoga, presentan el sufrimiento (Dukha) como un aspecto fundamental de la experiencia humana, que puede ser mitigado y finalmente eliminado a través de la práctica diligente del yoga, particularmente siguiendo los “Ocho Pasos del Yoga” o «Ashtanga Yoga) de Patanjali. La semejanza resplandece en la visión compartida de un sendero óctuple o de ocho ramas, que aunque difieren en terminología y ciertas prácticas, reflejan una estructura que busca la purificación, la ética, la concentración y el desarrollo de la sabiduría como medios para alcanzar la paz interior y la liberación del sufrimiento

La importancia de la Mente y la Meditación

La exploración de la mente y el énfasis en la meditación como una vía para entender y eventualmente liberarse de las cadenas del sufrimiento, es otro aspecto en el que budismo y el yoga confluyen. La meditación (Dhyana en el contexto del yoga y Jhana/Bhavana en el budismo) no sólo es fundamental, sino vital en ambos caminos. En la práctica del yoga, la meditación es vista como el medio para alcanzar el control de las fluctuaciones de la mente, permitiendo al practicante residir en su verdadera naturaleza. De manera similar, el budismo valora la meditación como la vía para comprender la verdadera naturaleza de la mente y la realidad, y por ende, para liberarse de las ataduras del deseo y el sufrimiento.

Conducta Ética

Tanto en el budismo como en el yoga, la ética no es meramente prescriptiva, sino una práctica central que se desenvuelve en la cotidianidad de la vida del practicante. En el yoga, los Yamas (principios éticos) y los Niyamas (disciplinas personales) sirven como los cimientos sobre los que la práctica del yoga se construye, dándole una base moral y ética. El budismo, por otro lado, propone los Cinco Preceptos como un marco ético fundamental para guiar el comportamiento y las acciones en el mundo, constituyendo, así, una parte vital del camino hacia la iluminación. Ambas tradiciones ven en la ética no sólo un medio para cultivar un carácter moral y benevolente, sino también como una herramienta que es clave para la purificación de la mente y, por ende, para avanzar en el sendero espiritual hacia la liberación.

Las teorías y prácticas que enseñan tanto en el budismo como en el yoga se presentan como una guía, ofreciendo, así, un mapa que es fundamentalmente práctico, y que nos lleva desde la comprensión y el reconocimiento del sufrimiento hacia la liberación del mismo. Las narrativas de estas dos tradiciones, aunque distintas en expresión y a menudo en práctica, se encuentran unidas por un hilo de entendimiento compartido y objetivos similares. Y es aquí, en este cruce de caminos, donde las similitudes entre el budismo y el yoga se revelan no sólo como coincidencias superficiales, sino como reflejos de una búsqueda humana compartida hacia la comprensión, la paz y la liberación final del sufrimiento.

Si bien cada uno de estos senderos tiene prácticas, teorías y tradiciones diferentes, ambos comparten un núcleo común que muestra el anhelo humano de encontrar el significado y la liberación en medio de la belleza, el caos y el sufrimiento de la existencia humana.

Diferencias entre el Budismo y el Yoga

El yoga y el budismo tienen un gran número de similitudes.

El Papel de lo Divino

En el budismo, particularmente en su forma original, no hay una deidad central o creadora. Buda, o Siddhartha Gautama, no es adorado como un dios, sino que es venerado como un ser que ha alcanzado la iluminación y que ha transmitido sus enseñanzas para guiar a otros hacia el mismo logro. Aunque diversas formas de budismo, como el budismo Mahayana y el Vajrayana, han introducido una plétora de deidades y seres iluminados, estos no son dioses creadores ni gobernantes del universo en el sentido teísta del término. Más bien, son seres que han alcanzado un estado elevado de realización y que actúan como símbolos y guías en el camino espiritual.

La práctica personal y la realización directa de la verdad a través de la experiencia son la base del budismo. La iluminación es alcanzada a través de la comprensión profunda de las Cuatro Nobles Verdades y la práctica del Noble Óctuple Sendero, que son, en esencia, caminos hacia la comprensión y la cesación del sufrimiento, sin la necesidad de una deidad intervencionista.

En contraste, el papel de lo divino en el yoga puede variar significativamente dependiendo de la tradición o escuela específica. En algunos caminos del yoga, lo divino ocupa un lugar central. Por ejemplo, en el Bhakti Yoga, la devoción a una deidad es el camino hacia la liberación. Aquí, lo divino es a menudo conceptualizado como una deidad personal con la cual el yogui desarrolla una relación devocional profunda. En el Jnana Yoga, que se centra en el conocimiento y la comprensión, lo divino es visto de manera más abstracta y se identifica con el conocimiento supremo. En este camino, el practicante busca entender la verdad última a través del discernimiento y la comprensión. El Karma Yoga ve lo divino como intrínsecamente ligado a la acción desinteresada y el servicio. Aquí, el yogui busca alinear sus acciones con lo divino, actuando sin apego a los frutos de la acción.

Por supuesto, es importante reconocer que tanto en el budismo como en el yoga existen diferentes escuelas y tradiciones con sus propias interpretaciones y énfasis. Por ejemplo, algunas formas del budismo Vajrayana incluyen prácticas que pueden parecer teístas, como la devoción al guru o las prácticas de deidades. Del mismo modo, algunas formas de yoga, como el Jnana Yoga, pueden tener menos énfasis en lo divino y más en el discernimiento y la realización directa de la verdad.

Atman y Anatman

Atman y Anatman son dos conceptos fundamentales, el primero en algunas tradiciones yóguicas y el segundo en el budismo. Estos conceptos son complejos y difíciles de transmitir, pero vamos a hacer un intento por describirlos de una manera sencilla.

Comencemos con el concepto de Atman, profundamente arraigado en la filosofía yóguica y, en general, en el hinduismo. Atman se refiere al alma o al yo, pero va mucho más allá de un simple entendimiento de una entidad inmaterial que reside en el cuerpo físico. Atman es la esencia indestructible, la conciencia pura, y en muchas escuelas de pensamiento hindú, es visto como eterno e imperecedero. Este alma, o conciencia, es la realidad última del ser, y a menudo se considera que está más allá de las aflicciones y apegos del mundo material.

Dentro del yoga, y particularmente en los Yoga Sutras de Patanjali, la práctica yóguica implica un proceso de purificación y retirada de los obstáculos del conocimiento, el objetivo último es a menudo la realización del Atman, reconociendo y residiendo en esa conciencia pura que es nuestra verdadera naturaleza. Esta es una perspectiva que está incrustada en un marco teísta y dualista, donde el Atman busca la unión con Brahman, la realidad última o alma universal, aunque están intrínsecamente conectados y comparten la misma esencia.

Por otro lado, Anatman, un concepto clave en el budismo, presenta una perspectiva que no solo es diferente sino que también se sitúa en un aparente contraste con la noción de Atman. Anatman, o no-yo, es la percepción de que no hay un alma o yo permanente, indestructible o eterno. Desde la perspectiva budista, todo es impermanente y está en un constante estado de cambio, y esto incluye todas las partes que podríamos considerar como constituyentes del ‘yo’.

El budismo nos dice que lo que percibimos como ‘yo’ es simplemente un conjunto de cinco agregados (forma, sensación, percepción, formaciones mentales y conciencia) que trabajan juntos para crear la ilusión de un ser coherente y persistente. La iluminación, o Nirvana, en la filosofía budista, implica la comprensión de Anatman, viendo más allá de la ilusión del yo persistente y liberándose de los apegos y aversiones que surgen de esta percepción errónea.

La diferencia en estas perspectivas fundamentales tiene profundas implicaciones para la práctica y la realización espiritual en estas dos tradiciones. En el yoga, la realización del Atman puede implicar prácticas que buscan purificar el ser, calmar la mente y retirar los velos de la ignorancia que oscurecen nuestra verdadera naturaleza. En el budismo, la realización de Anatman implica ver más allá de la ilusión del yo, comprendiendo la interconexión e interdependencia de todos los fenómenos y liberando los apegos y aversiones que surgen cuando nos identificamos de manera errónea con un yo que es impermanente.

Prácticas Meditativas

Aunque hemos dicho que la importancia de la meditación es una de las similitudes entre el budismo y el yoga, las prácticas meditativas y la filosofía detrás de ella son difieren sustancialmente.

Comencemos considerando la meditación budista. El budismo, que se ha extendido por una amplia variedad de culturas y regiones, ha desarrollado diversas formas y técnicas de meditación. Una distinción importante en la tradición budista es la que existe entre la meditación «Vipassana» (visión profunda) y «Samatha» (calmante). La meditación Vipassana busca fomentar una profunda comprensión de la naturaleza de la realidad, observando directamente y de manera penetrante las tres marcas de la existencia: impermanencia, sufrimiento e impersonalidad.

A través de la meditación, los practicantes buscan disolver las ilusiones de un yo permanente y entender el surgimiento y desaparición constante de los fenómenos, liberándose gradualmente del apego y la aversión. En contraste, la meditación Samatha está destinada a calmar la mente, cultivando la concentración a través de la focalización en un objeto de meditación, como la respiración, un mantra, o una imagen visual. Ambas formas de meditación son fundamentales en la senda budista, siendo herramientas para cultivar una mente clara y penetrante que puede ver la realidad tal como es.

Por otro lado, en el yoga, la meditación, las técnicas y filosofías que la sustentan pueden variar significativamente, en función de la escuela o tradición específica. En el Raja Yoga, por ejemplo, que es a menudo referido como el «yoga de la mente«, la práctica meditativa es un paso fundamental en el camino hacia la liberación, conocido como «Samadhi«. Las técnicas pueden incluir la concentración en un punto particular, un mantra, o la simple observación del flujo de pensamientos. En algunas tradiciones, la meditación yóguica es utilizada como un medio para fusionar la mente individual (Jivatman) con la mente cósmica (Brahman). Esencialmente, mientras que la técnica específica de meditación puede parecer similar a las formas de meditación budista – como la concentración en la respiración – los objetivos y las filosofías subyacentes pueden ser bastante distintos. La meditación yóguica a menudo busca calmar las fluctuaciones de la mente para permitir que un estado de conciencia más puro y elevado se manifieste.

Las diferencias también pueden articularse desde la perspectiva de los objetivos perseguidos. Mientras que el budismo tiende a enfocarse en la cesación del sufrimiento (Dukkha) y la realización de la iluminación (Nirvana) mediante la comprensión de la verdadera naturaleza de la realidad, el yoga, dependiendo de la tradición, puede perseguir la unión con lo divino, el control de la energía vital, o la realización del Ser supremo. Aunque ambas tradiciones valoran y promueven la ética moral y el desarrollo del carácter, la conceptualización del ‘yo’ y de lo ‘divino’ puede ser significativamente diferente, como hemos discutido previamente en términos de Atman y Anatman.

Pero como ya hemos mencionado, el budismo y el yoga son ricos en tradiciones. Por ejemplo, en algunas escuelas de budismo tibetano, la meditación puede implicar visualizaciones detalladas y la recitación de mantras, que son menos prevalentes en la tradición Theravada (el budismo más fiel a las enseñanzas originales de Buda). Mientras tanto, en el yoga, el Kundalini Yoga involucra técnicas específicas destinadas a despertar y guiar la energía espiritual a través de los chakras, algo que es conceptualmente distinto a la mayoría de las prácticas budistas e incluso diverge de otras ramas del yoga.

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