Las Cuatro Brahmavihara ¿Qué son?

Las cuatro Brahmaviharas o moradas sublimes.

Las Brahmavihara son una de las enseñanzas centrales dentro de la filosofía y práctica budista. Se traducen como «moradas sublimes» o «moradas divinas» y también se les llama las «cuatro inconmensurables» hacen referencia a cuatro cualidades que pueden desarrollarse y cultivar mediante la práctica mental consciente. Estas cuatro cualidades tan importantes son: Metta (amor benevolente, incondicionado o amistad sin pretensiones), Karuna (compasión), Mudita (alegría altruista o empática) y Upekkha (ecuanimidad).

Comprendiendo y Cultivando las Brahmaviharas

En el budismo se considera que el desarrollo y el cultivo de las Brahmaviharas conducen a una mente y un corazón más expansivos, a relaciones interpersonales más armoniosas y, en última instancia, a una comprensión más profunda de la naturaleza de la realidad. Estas prácticas de cultivo de la mente y el corazón pueden ser una fuente de refugio, fortaleza y guía en medio de los desafíos.

No obstante, el camino de las Brahmavihara no es simplemente una técnica o estrategia para un bienestar personal y limitado. Es un sendero de transformación que nos conecta profundamente con la realidad de la interconexión y nos invita a vivir desde un lugar de sabiduría y amor, extendiendo los beneficios a todos los seres. La práctica genuina de las Brahmavihara es una apertura a la inmensidad de la experiencia humana, permitiéndonos encontrar una alegría auténtica y una paz que es inamovible, incluso en medio del sufrimiento de la vida.

Metta (Amor bondadoso)

La compasión es como un río que todo lo nutre a su paso.

La esencia de Metta es un amor incondicional y universal que se extiende hacia todos los seres sin distinción alguna, un amor que no busca nada a cambio, que no discrimina y que es inmutable ante las vicisitudes de la vida. Es muy importante destacar que Metta no se ajusta a las nociones convencionales occidentales del amor, que pueden estar ligadas a la posesión, la atracción, o el apego. Va mucho más allá de estas conceptualizaciones y se adentra en un territorio de amor que es incondicional, imparcial y libre de apego.

Implica una profunda apertura mental y un deseo genuino de bienestar para todos los seres, sin distinción ni excepción. Esta apertura es una disposición para ver y aceptar a los demás tal y como son, sin tratar de cambiarlos o juzgarlos. Es un compromiso de mantener el corazón abierto, incluso cuando nos enfrentamos a personas o situaciones que nos resultan difíciles o desafiantes.

Esta apertura mental también conlleva una voluntad de comprender a los demás: sus sufrimientos, alegrías, desafíos y aspiraciones. Es una aceptación de su humanidad completa, reconociendo que, al igual que nosotros, todos los seres buscan la felicidad y quieren evitar el sufrimiento. Metta nos invita a mirar más allá de nuestras propias perspectivas y prejuicios para ver la realidad de los demás, para sentir empatía y establecer una conexión basada en la comprensión mutua y la bondad compartida.

En nuestra cultura, el «amor» es visto a menudo a través de una lente romántica o sentimental. Pero Metta trasciende estas definiciones y categorías. Aunque el amor romántico puede ser hermoso y enriquecedor, también puede ser fuente de dolor y sufrimiento cuando se entrelaza con el apego, la posesión y la dependencia. En contraste, Metta no busca nada a cambio y no está condicionado por las acciones o características de la persona a la que se dirige. Es un amor que no posee y que permite ser.

El Cultivo de Metta

Metta comienza con uno mismo. La autoaceptación, la autocomprensión y el autocuidado son las bases desde las cuales podemos construir una auténtica bondad amorosa hacia los demás. La premisa es simple: no podemos dar lo que no tenemos. Cultivar Metta hacia uno mismo no se trata de narcisismo o autoindulgencia, sino de una apreciación genuina y cuidado hacia nosotros mismos, una aceptación de nuestra humanidad con todas sus imperfecciones.

La práctica formal a menudo comienza con la meditación. Durante la meditación Metta, los practicantes suelen comenzar enviando buenos deseos y amor hacia sí mismos. A medida que esta sensación crece y se estabiliza, los practicantes pueden empezar a extender estos deseos de felicidad y bienestar hacia los demás, empezando por las personas cercanas y amadas, y gradualmente ampliando el círculo para incluir a conocidos, extraños, y eventualmente, a todos los seres.

Pero esta práctica va más allá y debe de estar presente también en nuestras relaciones diarias y nuestros encuentros interpersonales. Se manifiesta en la escucha atenta, en la comunicación amable y honesta, en la generosidad y en la disposición para estar presente con los demás tal y como son. Metta nos invita a interactuar desde la bondad y respeto mutuo, donde cada individuo es valorado y donde se evita causar daño.

Cuando practicamos Metta en nuestra vida diaria, nos esforzamos por mantener una actitud de amistad amorosa hacia todos los que encontramos, ya sean seres queridos, conocidos, extraños o incluso aquellos con los que tenemos dificultades. Esto no significa que siempre tengamos que estar de acuerdo con los demás o que ignoramos las injusticias y los daños que pueden ocurrir. Más bien, significa que nos esforzamos por responder a todas las situaciones y a todas las personas con un corazón abierto, comprensivo y no violento.

Hay que ser sinceros, la práctica de Metta es sencilla, pero no por ellos debemos desanimarnos. Enviar amor y buenos deseos a nosotros mismos y a los demás puede, en ocasiones, ser un verdadero reto, especialmente cuando nos encontramos con personas o situaciones difíciles. Aquí es donde la verdadera práctica comienza. La resistencia que encontramos se convierte en nuestra maestra, mostrándonos dónde estamos atrapados y dónde nuestro amor no es incondicional.

La crítica interna, que cuestiona nuestro merecimiento del amor y la bondad es un obstáculo muy común. Otras veces, es la aversión hacia los demás, especialmente hacia aquellos que nos han hecho daño o que desafían nuestras ideas y creencias. Metta implica explorar y desmantelar estas barreras, extendiendo la bondad amorosa incluso en medio de la dificultad y el conflicto.

La Dificultad de Comprender Metta

Metta resulta en muchas ocasiones un concepto elusivo y difícil de comprender plenamente, especialmente desde una perspectiva occidental y en culturas profundamente arraigadas en valores individuales y en nociones de amor que son, de alguna manera, condicionales y selectivas. Vamos a destacar algunas de las razones por las que puede ocurrir esto:

  • En nuestra cultura, el amor a menudo se entiende en términos de reciprocidad y condiciones. “Si haces esto, te amaré” o “te amo porque eres así”, lo cual se distancia de la incondicionalidad de Metta.
  • Metta puede ser malinterpretado como una especie de amor pasivo o complaciente, donde se permite que todo ocurra sin restricciones. La idea de amar a todos por igual, incluso a aquellos que nos causan daño, puede ser difícil de asimilar y practicar.
  • Abrir nuestros corazones sin condiciones y salvaguardas nos hace vulnerables. Esta vulnerabilidad, aunque es una vía para la verdadera conexión y compasión, puede ser tremendamente difícil y a veces dolorosa de sostener.
  • La universalidad de Metta, donde el amor es extendido a todos los seres sin excepción, puede chocar contra nuestras nociones instintivas de justicia y mérito, poniendo a prueba nuestras habilidades para amar incluso en situaciones y personas difíciles.
  • La verdadera naturaleza de Metta puede ser difícil de capturar con el intelecto. Puede que entendamos la teoría y los principios detrás de Metta, pero su esencia se revela en la práctica, en la experiencia directa de amar y ser amado de esta manera particular y expansiva.

Karuna (Compasión)

Cómo cultivar la compasión a través de la meditación y otras prácticas.

Karuna no es simplemente una respuesta empática al sufrimiento ajeno o una simpatía superficial, es una compasión profunda y activa que nos motiva a aliviar el sufrimiento de los demás y a actuar con bondad, incluso en las circunstancias más difíciles. La compasión surge de la comprensión de que todos los seres, sin excepción, desean ser felices y evitar el sufrimiento, y se manifiesta como una respuesta genuina y desinteresada al dolor, tanto propio como ajeno.

Al igual que Metta, Karuna comienza con nosotros mismos. Es una disposición a conocer y comprender nuestro propio sufrimiento y, con suavidad, atenderlo. En lugar de caer en la autocompasión o la negación, la compasión hacia nosotros mismos nos permite acoger nuestro propio dolor con receptividad. Desde esta base de auto-comprensión y auto-compasión, podemos comenzar a extender genuinamente la compasión hacia los demás. No es una emoción pasiva, sino una cualidad activa y dinámica. Es una respuesta a la percepción del sufrimiento que nos impulsa a actuar para aliviarlo. A veces, esta acción puede ser física o verbal, como ofrecer ayuda material o palabras de consuelo. Otras veces, puede ser más sutil, como mantener una presencia amorosa y solidaria.

Karuna y Prajna (sabiduría) van de la mano en la enseñanza budista. La compasión sin sabiduría puede llevarnos a la acción impulsiva o al agotamiento, mientras que la sabiduría sin compasión puede ser seca o indiferente. Juntas, la compasión y la sabiduría nos permiten actuar de manera que sea realmente beneficiosa y que apoye nuestro propio bienestar y el de los demás.

Uno de los mayores desafíos a la hora de prácticar la compasión es cómo permanecer abiertos y receptivos al sufrimiento sin ser abrumados por él. El agotamiento compasivo es un fenómeno común, especialmente para aquellos en profesiones de ayuda o para aquellos que se encuentran en situaciones de cuidado a largo plazo. Por lo tanto, es fundamental que la práctica de Karuna esté equilibrada con el cuidado de uno mismo y sostenida por las otras Brahmaviharas, especialmente la ecuanimidad (Upekkha), de la que hablaremos más adelante.

Por último, la compasión en el budismo no se limita a las personas. Todos los seres, independientemente de su especie, tienen el deseo fundamental de evitar el sufrimiento y experimentar la felicidad. Por lo tanto, la compasión se extiende a todos los seres, humanos y no humanos, y se expresa a través de acciones éticas, como practicar la no violencia y vivir de una manera que apoye el bienestar de todos.

Mudita (Alegría Empática)

Mudita significa «alegría empática» o «alegría altruista» y es la alegría que surge en respuesta a la felicidad y el bienestar de los demás. Esta cualidad se cultiva tanto a través de la contemplación como de la acción y requiere una apreciación profunda y una comprensión de la alegría verdadera. A diferencia de la felicidad efímera que a menudo buscamos, Mudita es una alegría que no está sujeta a las circunstancias externas y que se alegra genuinamente por el bienestar de los demás, sin rastro de envidia o comparación.

Vivimos en un mundo que a menudo fomenta la comparación y la competencia, donde la felicidad o el éxito de los demás puede, a veces, generar resentimiento o insatisfacción respecto a nuestras propias vidas. Mudita implica mirar más allá. No se limita a la alegría en los momentos de gran éxito o felicidad de los demás, sino que es una apreciación de los momentos de bienestar, paz y contento en todos los aspectos de la vida. Puede ser tan simple como alegrarse por el día soleado que beneficia a otros o por el momento de tranquilidad que alguien encuentra en medio del caos. Es una práctica diaria de dirigir la mente hacia la apreciación de la felicidad, en lugar de enfocarse en la falta o en el sufrimiento.

En la práctica , Mudita se cultiva a través de la reflexión y la generación activa de pensamientos y sentimientos de alegría altruista, además de aprender a identificar sentimientos de celos o envidia en nosotros mismos, tarea que puede resultar difícil, ya que nuestro propio ego nos impide en ocasiones reconocer y aceptar estas emociones. Hay que aprender a ver estos pensamientos como parte de nuestra humanidad, no como defectos, sino oportunidades para desarrollar una mayor comprensión y sanar.

No se trata simplemente de un estado mental agradable o positivo, sino una parte integral del camino hacia la libertad interior. La alegría por el bienestar de los demás nos libera de la prisión de la auto-preocupación y la auto-referencia constante. Nos conecta con un sentido de unidad y amor que trasciende las barreras y nos abre a una experiencia de vida mucho más rica y significativa en todos los aspectos.

Upekkha (Ecuanimidad)

La meditación Metta es aquella que busca el desarrollo del amor incondicional o bondad amorosa.

La ecuanimidad se comprende mejor como una cualidad de equilibrio y serenidad que persiste a pesar de las circunstancias cambiantes de la vida. Upekkha no es indiferencia o desconexión, sino más bien un estado de estar plenamente presente y comprometido, sin ser arrastrado por las corrientes de los apegos o aversiones, las ganancias o las pérdidas, y la alabanza o la culpa. Es el suelo firme bajo nuestros pies que nos permite enfrentar los desafíos, las incertidumbres y las crisis de la vida con una mente clara y un corazón abierto. Es la capacidad de permanecer centrado y compasivo incluso en medio de la tormenta, lo que nos permite responder a la vida y a los demás de una manera que es sabia y amable.

La vida está llena de momentos de alegría y dolor, ganancia y pérdida, y reconocer esta realidad es el primer paso hacia el desarrollo de una verdadera ecuanimidad. Una mente que está equilibrada es libre de las garras del deseo y la aversión, dos de las raíces del sufrimiento en el budismo. Este equilibrio interior nos permite interactuar con el mundo y las personas de una manera que es libre de las reactividades y los hábitos automáticos que suelen generar sufrimiento para nosotros y para los demás.

No es inacción o una retirada del mundo. De hecho, al liberarnos del arrastre del deseo y la aversión, la ecuanimidad nos permite actuar en el mundo de una manera que es compasiva, sabia y efectiva. Podemos responder a las necesidades y sufrimientos del mundo de una manera que es sostenible y que no nos lleva al agotamiento.

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