Cómo Empezar en el Budismo. Una Pequeña Guía

Cómo empezar en el budismo.

Empezar en el budismo puede ser abrumador: hay tantas opciones que no sabes por dónde empezar. Pero no te preocupes, es completamente normal sentirse así. La belleza del budismo es que, aunque es un sistema profundo con muchas capas, también puedes abordarlo de manera sencilla.

Primero que nada, olvídate de la idea de que necesitas convertirte en un monje, abandonar tus bienes materiales o empezar a llenar tu casa de estatuas para sumergirte en las enseñanzas budistas. El budismo es increíblemente flexible y adaptable; puedes incorporar sus prácticas y filosofías en tu vida diaria sin cambiar en absoluto tu estilo de vida.

¿Cómo empezaría a estudiar el Budismo?

En primer lugar, hay que dejar claro que cada persona, aunque sea un cliché, es un mundo, y por lo tanto mi recomendación variaría dependiendo de la persona que tengo delante. Pero voy a atreverme a dar una pequeña guía general de cómo empezaría en el budismo, que puede servir tanto a las personas que simplemente tienen curiosidad como para los que tienen un interés más profundo y serio.

Este sería el esquema que seguiría para empezar a profundizar en las enseñanzas del Buda y el budismo y a continuación explico por qué.

El Buda

Es fundamental que comencemos por desmitificar la figura del Buda si quieres entender el budismo en su esencia. Primero que nada, el Buda no era un dios, ni tampoco un simple filósofo. Siddhartha Gautama, quien más tarde se convirtió en el Buda, era un príncipe que dejó todo atrás para buscar respuestas a las preguntas más fundamentales de la existencia humana: ¿Por qué sufrimos? ¿Hay una manera de salir de este sufrimiento?

Mucha gente asocia al Buda con una especie de renunciante místico que se sentó bajo un árbol y alcanzó algún estado divino. Pero su enseñanza fue mucho más práctica y accesible. El Buda descubrió un método, un camino, para abordar el sufrimiento humano y lo articuló en términos muy claros y directos, como las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Sendero Óctuple. No estaba interesado en hablar de la divinidad o de conceptos abstractos; quería ofrecer una «tecnología de la mente» que cualquiera pudiera aplicar para vivir una vida más plena y significativa.

Al comprender a Buda como un ser humano que encontró una forma de liberarse del sufrimiento, y que quería compartir esa sabiduría con otros, lo humanizamos y hacemos que su enseñanza sea mucho más accesible. Desmitificar a Buda también nos ayuda a ver que el budismo no es una religión en el sentido tradicional de la palabra. No se trata de adorar a un ser supremo o de seguir un conjunto de reglas dogmáticas. Es más como un conjunto de herramientas psicológicas y éticas para navegar la vida de una manera más consciente y compasiva.

Por lo tanto, conocer al Buda auténtico, en lugar del Buda mitológico, es esencial para entender qué es realmente el budismo y cómo puede ser relevante en tu propia búsqueda de una vida menos cargada de sufrimiento y más llena de significado.

Él dejó claro cuál era su enseñanza «Lo que enseño es la verdad del sufrimiento y el camino al cese del sufrimiento». Entendiendo por sufrimiento todo ese dolor psicológico o insatisfacción que nosotros añadimos a la existencia y que nos impide vivir con plenitud.

El Budismo

En Occidente, cuando escuchamos la palabra «religión«, nos viene a la mente un conjunto de creencias y rituales centrados en un ser supremo o divino, reglas morales absolutas, y a menudo un libro sagrado. Pero el budismo no encaja muy bien en esa categoría. No hay un dios creador, no hay un texto único y definitivo como la Biblia o el Corán, y no hay un conjunto de dogmas incuestionables. En su lugar, el budismo ofrece un conjunto de herramientas prácticas y principios éticos diseñados para ayudarnos a entender y aliviar el sufrimiento humano. Es más una filosofía de vida que una religión tal como entendemos esta palabra los occidentales.

Ahora bien, eso no quiere decir que el budismo tal como lo conocemos hoy en día sea una representación completamente pura de lo que el Buda enseñó. A lo largo de los siglos, y a medida que el budismo se extendió por diferentes culturas, se han añadido muchas capas a la enseñanza original. Algunas de estas capas, como las tradiciones rituales, las prácticas devocionales y las elaboradas cosmologías, pueden ser muy útiles para ciertas personas y en ciertos contextos. Pero también pueden ser distracciones o incluso obstáculos si te desvían de la esencia de lo que el Buda realmente enseñó.

Por eso es tan importante comenzar por desmitificar. Si te acercas al budismo pensando que es otra «religión» en el sentido occidental de la palabra, podrías perderte fácilmente en estas capas adicionales y perder de vista la enseñanza original y su propósito: el alivio del sufrimiento y la obtención de una comprensión más profunda de la realidad. En mi opinión, y basándome en mi propia experiencia, la clave es acercarse al budismo como un conjunto de herramientas y técnicas diseñadas para una transformación personal profunda. Y, claro está, siempre es útil mantener una mente abierta y crítica mientras te embarcas en este fascinante viaje de descubrimiento y autodescubrimiento.

Las Tres Marcas de la Existencia

Para mí, la enseñanza base de Buda son las llamadas Tres Marcas de la Existencia, las cuáles detallaré un poco más en el apartado de meditación (por si no las conoces). Estas marcas, aunque están implícitas en las Cuatro Nobles Verdades, que es la que se considera la enseñanza fundamental, veo que la mayoría de las personas la pasan por alto. Y todo, repito, absolutamente todo, surge de la comprensión de estas tres marcas o características de la existencia

Entender las Tres Marcas de la Existencia es como encender una linterna en un cuarto oscuro. De repente, todo tiene más sentido. Ves las cosas como realmente son, no como te gustaría que fueran. Y en esa visión clara y sin adornos, encuentras la llave para liberarte del sufrimiento y la confusión. Cuando comprendes estas marcas a nivel más que intelectual, cuando realmente las sientes en tus huesos, todo lo demás en la práctica budista se vuelve más claro y significativo. Es como si todo el ruido de fondo se desvaneciera y te quedaras con la esencia pura de lo que significa ser humano.

Las Cuatro Nobles Verdades

En esencia, las Cuatro Nobles Verdades son el núcleo de las enseñanzas del Buda. Podríamos considerarlas como la tesis central que el Buda presentó al mundo. En el pensamiento budista, todo lo demás es una especie de «anexo» o «capítulo» adicional que añade matices, detalles y profundidad a este concepto fundacional. En otras palabras, si no entiendes las Cuatro Nobles Verdades, es probable que te pierdas en el laberinto de las variadas y complejas enseñanzas y prácticas budistas.

En mi experiencia, la profundidad de tu comprensión de las Cuatro Nobles Verdades será directamente proporcional a la profundidad de tu práctica y transformación personal. Estas verdades son tanto un diagnóstico como una prescripción. Ofrecen tanto un análisis agudo de la condición humana como un camino claro y factible para la liberación del sufrimiento. Y lo mejor de todo es que son aplicables aquí y ahora, en tu vida cotidiana, y no requieren de una fe ciega o dogmática. Son, en última instancia, una invitación a mirar de frente la realidad de la existencia humana y a tomar medidas efectivas para vivir de una manera más plena, más consciente y más compasiva.

El Noble Sendero Óctuple

El Noble Óctuple Sendero es como un mapa detallado y una caja de herramientas diseñada por el Buda para cualquiera que busque una transformación interior genuina. Es la Cuarta Noble Verdad hecha práctica, un conjunto de directrices y prácticas que, si se siguen con diligencia y discernimiento, te llevarán a la liberación del sufrimiento y hacia un estado de claridad y paz interior. Y lo que es más impresionante es cómo el Buda logró condensar una guía tan completa para vivir una vida bien vivida en solo ocho puntos.

Estos ocho puntos se dividen generalmente en tres categorías: prañña o sabiduría, que incluye el entendimiento correcto y el pensamiento correcto; sila o ética, que abarca el habla correcta, la acción correcta y el modo de vida correcto; y por último, samadhi o concentración, que cubre el esfuerzo correcto, la atención correcta y la concentración correcta. Esta organización no es casual; es un itinerario bien pensado que te lleva de la comprensión intelectual de las enseñanzas del Buda a la internalización de estas enseñanzas en tus acciones y pensamientos, y finalmente a una profunda transformación a nivel mental y emocional.

El Buda no fue un místico que ofrecía una vía de escape de este mundo, sino más bien un psicólogo y un maestro que ofrecía herramientas prácticas para navegar la vida con mayor habilidad y ecuanimidad. El Noble Óctuple Sendero, en este sentido, es como un programa de entrenamiento intensivo para tu mente, tu corazón y tus acciones. No es una lista de mandamientos que debes seguir ciegamente, sino más bien una serie de recomendaciones que te ayudan a vivir de una forma que está en armonía con la forma en que las cosas realmente son.

Imagina que estás en un bosque denso y confuso. El Noble Óctuple Sendero es como la brújula y el mapa que te ayudan a orientarte. Pero también es el machete que te permite cortar a través de la maleza, las botas que protegen tus pies, y la linterna que ilumina tu camino. Es un sistema completo, integral, diseñado para abordar todos los aspectos de tu ser, desde tus creencias más fundamentales hasta tus acciones más mundanas. Y la belleza de todo esto es que, como toda buena herramienta, es útil solo en la medida en que se usa. No está ahí para ser admirado, sino para ser empleado en el difícil pero gratificante trabajo de la transformación personal.

¿Para cuándo la Meditación?

Voy a ser sincero contigo: muchas personas que se adentran en el budismo o en prácticas meditativas tienen prisa por llegar a la «parte buena» —ya sabes, esa revelación mística, esa sensación de paz infinita o ese instante en que todo «hace clic». Pero lo que a menudo pasan por alto es que el Noble Sendero Óctuple —el mapa para la transformación interior propuesto por el Buda— comienza con el «Entendimiento Correcto«. Y créeme, no es casualidad. Es porque todo lo demás se desploma como un castillo de naipes si no tienes una base sólida de prañña, o sabiduría.

En el budismo, las Tres Marcas de la Existencia —anicca (impermanencia), dukkha (sufrimiento) y anatta (ausencia de un yo fijo)— son fundamentales para este Entendimiento Correcto. ¿Por qué? Porque cambiar tu perspectiva sobre estas tres cosas cambia literalmente la forma en que experimentas el mundo. Si no comprendes que todo es impermanente, te aferrarás a cosas, personas o situaciones en un intento fútil de mantenerlas constantes, lo que genera sufrimiento. Si no entiendes la naturaleza del sufrimiento, buscarás placer y evitarás el dolor de formas que en última instancia solo generan más dolor (a ti, y a los demás). Y si no captas la idea de que no hay un «yo» fijo e inmutable, estarás constantemente defendiendo y afirmando una identidad que es, en el mejor de los casos, una construcción temporal.

Este fundamento de sabiduría no es solo teoría abstracta; es una guía práctica para vivir una vida más auténtica y liberadora. Cuando tienes Entendimiento Correcto, las prácticas que realizas —ya sea meditación, ética o cualquier otra cosa— son mucho más efectivas porque tienes un marco a través del cual interpretar y aplicar tus experiencias. Sin este entendimiento, puedes meditar durante años solo para darte cuenta de que has estado perpetuando tus patrones habituales de pensamiento y comportamiento, en lugar de liberarte de ellos.

Digamos, por ejemplo, que practicas la meditación de atención plena. Si entiendes la impermanencia, te darás cuenta de que cada pensamiento, sensación o emoción que surge es solo eso: un fenómeno pasajero que viene y va. No es algo a lo que debas aferrarte ni algo que debas evitar. Esto cambia la calidad de tu meditación de ser una «tarea» que debes hacer para alcanzar algún estado futuro, a ser un medio para explorar y comprender la naturaleza misma de tu experiencia en este mismo momento.

Si comprendes la naturaleza del sufrimiento, la meditación se convierte en una forma de observar cómo tu propia mente crea sufrimiento al aferrarse a ciertos estados o al rechazar otros. En lugar de juzgar estos estados como «buenos» o «malos«, simplemente los observas y aprendes de ellos. Esta es una habilidad tremendamente liberadora que puedes aplicar en todas las áreas de tu vida, no solo mientras estás sentado en un cojín de meditación.

Y si comprendes la ausencia de un yo fijo, la meditación se convierte en una forma de explorar la construcción de tu propia identidad y cómo esta identidad es una fuente de limitación y sufrimiento. Esto te da la libertad de relacionarte con tu experiencia de una manera mucho más abierta y fluida. Ya no estás atrapado en un conjunto fijo de expectativas, identidades y narrativas sobre quién «deberías» ser, lo que abre un espacio para que surja un sentido más auténtico y liberador de quién eres.

Espera, sé lo que estás pensando: «Todo esto suena genial, pero ¿cómo empiezo?». Mi recomendación es simple: antes de sumergirte en prácticas específicas, toma un tiempo para estudiar y reflexionar sobre las Tres Marcas de la Existencia y cómo se relacionan con tu vida cotidiana. Léelo, piénsalo y luego léelo de nuevo. Conversa con personas que tengan más experiencia en el camino espiritual y, si es posible, busca un maestro o una comunidad de práctica donde puedas discutir y profundizar tu comprensión.

No subestimes la importancia de comenzar tu viaje espiritual con una base sólida de Entendimiento Correcto. No es algo que debas «superar» para llegar a las «buenas cosas«; es la buena cosa de la que todo lo demás brota. Es la base sobre la que construyes una práctica auténtica y transformadora. Y te garantizo que con este fundamento, tu práctica será genuina.

Una vez que empiezas a asimilar las Tres Marcas de la Existencia, incluso a nivel intelectual, experimentas un cambio de paradigma que afecta toda tu vida. Y cuando digo «toda tu vida», me refiero a cada conversación que tienes, cada decisión que tomas, cada reacción emocional que experimentas. Todo se convierte en tu campo de práctica; no solo los minutos que pasas sentado en un cojín de meditación.

Imagina por un momento que realmente comprendes la impermanencia. De repente, esos problemas que te parecían insuperables ya no tienen la misma gravedad. Sabes que cambiarán, evolucionarán o se desvanecerán. Tus relaciones se vuelven más genuinas porque entiendes que cada momento con otra persona es precioso y fugaz. No hay tiempo para el drama innecesario.

Si entiendes la naturaleza del sufrimiento, tu relación con tus propios deseos y aversiones cambia radicalmente. Ya no te arrastran de un lado a otro como un barco sin ancla en medio de una tormenta. Ves el sufrimiento por lo que es: una señal que te indica dónde te estás aferrando, dónde estás rechazando la realidad tal como es. Y en lugar de intentar anestesiar ese sufrimiento con distracciones externas, lo usas como una brújula para guiarte hacia un entendimiento más profundo de ti mismo y del mundo que te rodea.

Y cuando captas la idea de anatta, de la ausencia de un yo fijo, todo el juego del ego empieza a perder su atractivo. Ya no estás tan interesado en probar algo, en defender una identidad rígida, en acumular «cosas» para mostrar quién eres. Esto crea un espacio increíble para la libertad, para ser quien realmente eres, no quien piensas que deberías ser.

Así que sí, aunque la meditación formal tiene su lugar y es una herramienta poderosa para la autoexploración y el desarrollo personal, entender las Tres Marcas de la Existencia convierte tu vida entera en una meditación en sí misma. Es como si de repente tuvieras un manual para navegar la complejidad de la existencia humana, y todo lo que tienes que hacer es vivir tu vida para practicar.

¿Qué libros son adecuados para Empezar en el Budismo?

No hay una única respuesta correcta a la pregunta de qué libros deberías leer para empezar en el budismo. Cada persona es un mundo, y lo que puede servir para ti podría no servirle a otra persona. Sin embargo, hay una forma de acercarte al tema que, en mi experiencia, es bastante efectiva.

Si me preguntas a mí, te diría que empieces por libros que te ofrezcan una introducción sencilla y accesible a las enseñanzas originales de Buda. ¿Por qué? Bueno, porque todas las diferentes tradiciones y escuelas del budismo tienen sus raíces en estas enseñanzas básicas. Es como aprender los acordes básicos en la guitarra antes de saltar al jazz o al rock progresivo. Una vez que entiendas los fundamentos, te será mucho más fácil explorar las distintas ramas del budismo y encontrar la que más te atraiga.

Uno de mis favoritos para comenzar es «Lo que el Buda enseñó» de Walpola Rahula. Este libro es un clásico por una razón: destila las enseñanzas centrales del budismo en un formato fácil de entender. Se centra en las Cuatro Nobles Verdades y la el Noble Óctuple Sendero, que son el corazón del dharma (las enseñanzas budistas).

Otro libro excelente es «El corazón de las enseñanzas de Buda» de Thich Nhat Hanh. Thich Nhat Hanh tiene la habilidad de hacer que conceptos complejos parezcan increíblemente simples y aplicables a la vida cotidiana. No te dejes engañar por la simplicidad; este libro está lleno de sabiduría profunda.

Si estás interesado en la meditación, «El Libro del Mindfulness» de Bhante Henepola Gunaratana es una lectura obligada. Este libro te dará una comprensión sólida de qué es la meditación de atención plena y cómo practicarla. La meditación es una parte integral del budismo y este libro es un excelente punto de partida.

Para aquellos que prefieren un enfoque más académico, «El Budismo» de Peter Harvey es una excelente opción. Ofrece una visión completa del desarrollo histórico del budismo y sus principales conceptos, pero lo hace de una manera que es accesible para el lector promedio.

Ahora bien, una vez que hayas profundizado enseñanzas básicas, es probable que quieras explorar más. En ese momento, podrías considerar adentrarte en textos de una tradición específica que te atraiga, ya sea Zen, Theravada, Vajrayana, o cualquier otra. Cada tradición tiene sus textos y maestros destacados, y ahondar en estos te permitirá tener una comprensión más profunda y matizada del budismo.

Un consejo más: no te precipites en tu lectura. Tómate tu tiempo para absorber cada libro, quizás incluso tomando notas o manteniendo un diario de lo que has aprendido y cómo lo estás aplicando en tu vida. El objetivo no es solo adquirir conocimiento, sino también transformar ese conocimiento en sabiduría práctica. El budismo no es un tema de estudio seco y académico; es una filosofía de vida que se vive en cada respiración, en cada acción, en cada momento. Así que, mientras lees, no olvides reflexionar sobre tus lecturas e intenta llevar lo aprendido a tu día a día.

Buscar una Comunidad. Pautas a la hora de elegir

Otra opción para empezar en el budismo y que a menudo se pasa por alto, es encontrar una comunidad. En el budismo, la comunidad es tan importante que se la considera una de las Tres Joyas, junto con el Buda y el Dharma (las enseñanzas). La Sangha, o la comunidad, no es solo un lugar donde practicar meditación o estudiar textos; es un espacio donde se aprende a vivir las enseñanzas del Buda en el contexto de relaciones humanas reales. Pero claro, no todas las comunidades son iguales, y encontrar la adecuada puede suponer una gran diferencia en tu camino espiritual.

Aquí te dejo algunas pautas que puedes seguir a la hora de buscar o valorar una comunidad:

  • Alineación con las enseñanzas fundamentales: En primer lugar, asegúrate de que la comunidad esté firmemente arraigada en las enseñanzas fundamentales del budismo, como las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero. Hay muchas escuelas de budismo que varían en énfasis y enfoque, pero estas enseñanzas básicas deberían ser el pilar común.
  • Abierto a preguntas: Una comunidad sana alienta preguntas y el pensamiento crítico. El Buda mismo dijo que no debemos aceptar sus palabras por fe ciega, sino que debemos investigarlas como un orfebre examina el oro. Si encuentras que una comunidad desalienta preguntas o parece doctrinaria, podría no ser el mejor lugar para un enfoque basado en el entendimiento y la exploración personal.
  • Énfasis en la práctica: El budismo es una tradición viva, no solo un sistema filosófico. Asegúrate de que la comunidad que elijas tenga un fuerte enfoque en la práctica meditativa y en cómo llevar las enseñanzas a la vida cotidiana.
  • Calidad del liderazgo: Observa cómo son los líderes o maestros. ¿Son accesibles? ¿Son un buen ejemplo de las cualidades que el budismo valora, como la compasión, la sabiduría y la ética?
  • Diversidad e inclusividad: Una comunidad que valora la diversidad e inclusividad es generalmente más rica y más acogedora. Fíjate si la comunidad hace un esfuerzo consciente para ser inclusiva con respecto al género, la raza, la orientación sexual y otros factores.
  • Compañeros de práctica: No menosprecies el valor de los otros miembros de la comunidad. Ellos serán tus compañeros en este viaje, y mucho de lo que aprenderás vendrá a través de tus interacciones con ellos. Busca un grupo donde las personas se tomen en serio su práctica, pero sin caer en el dogmatismo o la competencia espiritual.
  • Flexible pero serio: Una buena comunidad encontrará el equilibrio entre ser acogedora para los principiantes y seria en su enfoque hacia la práctica. Si todo es muy laxo, podrías encontrar difícil avanzar en tu práctica. Pero si todo es demasiado rígido o severo, podrías sentirte abrumado o desanimado.
  • Accesibilidad: En términos prácticos, considera también cuán accesible es la comunidad. Esto incluye tanto la ubicación física como la accesibilidad en términos de coste. Algunas comunidades ofrecen eventos gratuitos o tienen políticas de «donación sugerida» para asegurarse de que el dinero no sea un obstáculo.
  • Sentido de comunidad: Finalmente, pero no menos importante, ¿Cómo te sientes cuando estás allí? Deberías sentirte acogido y apoyado, pero también desafiado a crecer. La comunidad debería ser un espejo que te ayude a ver tanto tus cualidades como tus áreas para mejorar.

Una vez que hayas encontrado una comunidad que conecte contigo, comprométete con ella. Como en cualquier relación, habrá altibajos, pero el verdadero crecimiento a menudo ocurre cuando decides quedarte y trabajar a través de los desafíos, tanto internos como externos. Una comunidad no solo te ofrece apoyo y guía, sino que también te da la oportunidad de practicar la paciencia, la tolerancia y la compasión: cualidades esenciales en el camino hacia la transformación interior.

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