Shikantaza. Tan Solo Sentarse

Shikantaza es una práctica de meditación Zen.

Shikantaza es una forma de meditación zen que literalmente se traduce como «simplemente sentarse«. Originada en la tradición Soto Zen del budismo japonés, esta práctica enfatiza el acto de sentarse en meditación sin buscar o apegarse a experiencias particulares que puedan surgir durante la práctica. Es un camino que indica que simplemente sentarse, simplemente ser, ya es la realización de la naturaleza búdica inherente a todos los seres.

La esencia de shikantaza es la práctica de la meditación en la no nos involucramos en ningún acto de pensar, concentración o contemplación dirigida. En su lugar, simplemente nos sentamos, manteniéndonos en alerta y con la atención abierta, sin apego ni aversión hacia los pensamientos y sensaciones que emergen y desaparecen en la mente y el cuerpo. Aquí, la ausencia de un objeto de meditación y la no-discriminación entre distracción y concentración se vuelven fundamentales. La mente no está fija en nada, ni se excluye nada.

La Práctica de Shikantaza

La práctica de shikantaza se lleva a cabo en la postura de zazen, la meditación sentada. El practicante adopta una postura erguida y estable, comúnmente en la posición de loto o medio loto, y dirige su atención a la experiencia del momento presente. Aunque puede parecer simple, esta práctica puede ser profundamente desafiante ya que nos enfrentamos a la cascada constante de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones sin intentar cambiar, juzgar o escapar de ellos.

Shikantaza no es meramente una técnica de meditación, sino una manifestación directa de nuestra naturaleza búdica original. La iluminación, en este contexto, no se ve como algo que se va a alcanzar en el futuro, sino como la experiencia directa y continua de la realidad, aquí y ahora. Dogen Zenji, fundador de la escuela Soto Zen en Japón, enfatizó que la práctica y la iluminación son inseparables. La práctica de shikantaza es, por lo tanto, tanto el camino hacia la iluminación como la iluminación misma.

Aunque parece simple, shikantaza es una práctica profundamente sutil y transformadora. La mente humana tiende a buscar, agarrar, juzgar y dividir. Nos involucramos con nuestros pensamientos, nos perdemos en nuestras historias y reaccionamos a nuestras emociones. Shikantaza nos pide que abandonemos este patrón constante de aferrarnos y resistirnos y, en su lugar, simplemente permitir que las cosas sean como son. Nos pide que entremos en una relación de completa aceptación y equanimidad con nuestra experiencia momentánea.

La dificultad de esta práctica radica en su simplicidad. La mente, acostumbrada a estar ocupada y distraída, puede encontrar desconcertante el no hacer nada y simplemente ser. Y aquí es donde podemos descubrir las capas de resistencia, los patrones de pensamiento arraigados y las tensiones subyacentes que caracterizan la experiencia humana. A través de la práctica continua de shikantaza, nos enfrentamos, aceptamos y, finalmente, nos liberamos de estos patrones habituales, permitiendo que la sabiduría y la compasión inherentes emerjan naturalmente.

Además, shikantaza no es una práctica de pasividad o de mera relajación. Es una práctica activa y dinámica de estar completamente presente y despierto a cada momento de la vida. La mente está alerta, receptiva y vital, permitiendo que cada momento de la vida se manifieste plenamente y sea experimentado completamente. De esta manera, shikantaza se convierte en una expresión de libertad y liberación que trasciende las categorías duales de ganancia y pérdida, éxito y fracaso.

La práctica de shikantaza es a la vez ordinaria y extraordinaria. Es ordinaria en el sentido de que simplemente estamos siendo con lo que es, sin tratar de obtener algo especial. Y es extraordinaria en el sentido de que, al relacionarnos con la vida de esta manera, podemos descubrir una profundidad, plenitud y autenticidad que a menudo se pasa por alto en la búsqueda de experiencias más, mejores o diferentes. A nivel práctico, shikantaza implica también cuidado y atención hacia la postura del cuerpo, la respiración y la actitud mental durante la meditación. La postura, la atención y la actitud se interrelacionan y se influyen mutuamente, sirviendo como apoyo para la práctica. La estabilidad y la ecuanimidad desarrolladas en la sala de meditación pueden luego ser transferidas y transformar todos los aspectos de nuestra vida diaria, permitiéndonos vivir con una mayor presencia, claridad y compasión.

Shikantaza es por lo tanto una práctica que ilumina la realidad tal como es. No es una escapatoria de la vida, sino una inmersión total en la vida tal como se manifiesta en este mismo momento. A través de esta práctica tan simple en apariencia, podemos descubrir una paz y liberación que no dependen de las circunstancias externas, y un amor y compasión que emergen de ver claramente la interconexión de todas las cosas. En shikantaza, encontramos que, simplemente al ser, ya estamos completos y que, simplemente al sentarnos, ya estamos en casa.

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