Triratna: Las Tres Joyas del Budismo

Dentro del budismo, hay tres elementos centrales conocidos como «Las Tres Joyas» o «Triratna» en sánscrito. Estas son: El Buda, El Dharma y La Sangha. Estos tres pilares son esenciales no solo para la comprensión de la doctrina budista, sino también para la práctica diaria y la vida de aquellos que siguen este camino. Representan una guía, un sistema y una comunidad que facilitan el desarrollo espiritual y la iluminación.

El Buda

El Buda es un concepto y uno de los triratna.

El Buda no solo representa a Siddhartha Gautama, el príncipe que renunció a su vida de lujos para buscar la verdad y que finalmente alcanzó la iluminación bajo el árbol Bodhi. El Buda representa la naturaleza despierta y el potencial iluminado que reside en todos y cada uno de los seres. Es la encarnación de la perfección, la sabiduría y la compasión. Al reflexionar sobre el Buda como una de las Tres Joyas, se reconoce y se honra la posibilidad de que cada ser alcance la iluminación. Es un recordatorio constante de nuestro potencial.

El Dharma

El dharma o enseñanza del Buda.

El Dharma es simultáneamente una enseñanza y una verdad universal. Más allá de ser una mera doctrina o conjunto de reglas, es el código subyacente del universo, la estructura fundamental de la realidad y, por ende, la esencia misma del camino hacia la iluminación.

La palabra «Dharma» tiene múltiples connotaciones en sánscrito. Puede referirse a la ley, el deber, la moralidad y, en el budismo, a las enseñanzas del Buda. Es este último significado el que ocupa un lugar central en la vida de los practicantes budistas. El Buda, después de alcanzar la iluminación, no guardó su sabiduría para sí mismo, sino que la compartió con el mundo en forma de Dharma. Por lo tanto, el Dharma se convierte en la manifestación verbal y práctica de la iluminación del Buda. Es la vía trazada por él, delineada con precisión para que otros puedan seguir sus pasos y alcanzar el despertar espiritual.

No es una enseñanza estática. Evoluciona y se adapta, reflejando la naturaleza impermanente y cambiante del mundo. Desde las Cuatro Nobles Verdades hasta el Noble Óctuple Sendero, pasando por diversos sutras y discursos, el Dharma ofrece una variedad de prácticas y enseñanzas adaptadas a las capacidades y circunstancias de cada individuo. Esto destaca la profunda comprensión y compasión del Buda, quien reconoció que la verdad debe ser accesible y aplicable para todos, independientemente de su origen, cultura o capacidad.

El Dharma es el puente entre el Buda y la Sangha. Si el Buda es el faro de luz, entonces el Dharma es el rayo que ilumina el camino, y la Sangha son aquellos que caminan por él. Es a través del estudio y práctica del Dharma que los practicantes se conectan con la sabiduría del Buda, y es en la Sangha donde esta práctica cobra vida, a través de la interacción, el apoyo mutuo y la aplicación de las enseñanzas en la vida diaria. Sin el Dharma, el camino hacia la iluminación sería oscuro y confuso.

Es importante comprender que el Dharma no es solo un conjunto de textos o discursos. Es una verdad viviente que se manifiesta en cada momento, en cada acción y en cada pensamiento. Cada vez que un individuo actúa con bondad, compasión y sabiduría, está manifestando el Dharma. Cada vez que alguien reconoce la impermanencia de la vida y se desapega del sufrimiento, está viviendo el Dharma.

La Sangha

La Sangha o comunidad budista.

La Sangha simboliza la comunidad de aquellos que caminan juntos en el sendero hacia la iluminación. En su definición más tradicional, se refiere a la comunidad monástica de monjes y monjas que han renunciado a las ataduras mundanas para seguir las enseñanzas del Buda de manera más profunda. Esta comunidad monástica es esencial para la preservación y propagación del Dharma. Son ellos quienes, a través de su estudio, meditación y práctica rigurosa, mantienen vivas las enseñanzas y sirven de guía e inspiración para los laicos. La existencia misma de la Sangha monástica asegura que el Dharma perdure a lo largo del tiempo, actuando como faro para las generaciones futuras.

Pero en un sentido más amplio y contemporáneo, la Sangha incluye a todos los practicantes del budismo, ya sean monjes, monjas, laicos o novicios. Esta interpretación ampliada reconoce que la práctica budista no está limitada solo a aquellos que eligen la vida monástica. Todos los que caminan por el sendero del Dharma, con sinceridad y dedicación, forman parte de esta comunidad espiritual. La Sangha representa entonces el poder colectivo de la práctica, el apoyo mutuo y la inspiración que se derivan de compartir un camino común con otros.

El papel de la Sangha es muy importante. En primer lugar, ofrece un sistema de apoyo invaluable. El camino hacia la iluminación es arduo, plagado de desafíos y obstáculos. En momentos de duda, confusión o desánimo, es la Sangha la que brinda aliento, consuelo y orientación. La simple presencia de otros practicantes sirve como recordatorio de que no se está solo en esta travesía y que otros también enfrentan luchas similares y buscan respuestas similares. En segundo lugar, la Sangha actúa como un espejo. La interacción con otros practicantes permite que uno refleje y examine su propio comportamiento, actitudes y progresos. Los miembros de la Sangha desafían, inspiran y, en ocasiones, actúan como correctivos cuando uno se desvía del camino.

Pero, además de ofrecer apoyo y reflexión, la Sangha también es fundamental para la transmisión del Dharma. Son los miembros de la Sangha quienes, a través de discursos, enseñanzas, retiros y ceremonias, llevan las enseñanzas del Buda a las masas. La Sangha se convierte en un puente entre el Buda y el mundo, garantizando que su sabiduría se difunda y sea accesible para todos.

La Toma de Refugio

La toma de refugio es un acto simbólico fundamental dentro del budismo. Es un rito de iniciación, un punto de inflexión y un compromiso sincero hacia el camino espiritual. Pero más allá de la ceremonia y las palabras, tomar refugio es un acto interno y profundo de confianza, devoción y determinación. Es un paso que marca el comienzo de la jornada de un individuo en el sendero del Dharma, y refleja una comprensión y aceptación de las enseñanzas budistas en su vida.

El acto de tomar refugio se centra en las Tres Joyas o Triratna. El practicante no solo reconoce la importancia de estas tres entidades, sino que también se compromete a integrarlas en su vida y práctica diaria.

Es, por lo tanto, mucho más que una simple ceremonia o rito. Es un acto de fe, confianza y compromiso. Es un reconocimiento de la importancia del Buda, el Dharma y la Sangha en la vida del practicante y una promesa de vivir de acuerdo con las enseñanzas y principios del budismo. Cada vez que un practicante reafirma su refugio, ya sea en la quietud de la meditación o en una ceremonia, está renovando su compromiso con el camino y fortaleciendo su conexión con la comunidad budista en general.

Es el punto de partida para aquellos que acaban de empezar en el camino y una constante fuente de inspiración y renovación para los practicantes experimentados. A través del refugio, el budismo ofrece una guía, una estructura y una comunidad, asegurando que nadie tenga que caminar por el sendero hacia la iluminación solo. Es un recordatorio constante de la riqueza y profundidad del Dharma y de la posibilidad siempre presente de despertar y liberación.

Referencias Bibliográficas

  • Harvey, P. (2013). An introduction to Buddhism: Teachings, history and practices. Cambridge University Press.
  • Gethin, R. (1998). The foundations of Buddhism. Oxford: Oxford University Press.

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